Cambio climático y coronavirus

La destrucción de la naturaleza y el cambio climático aumentan el riesgo de que aparezcan nuevas y terribles enfermedades.

Los científicos llevaban años advirtiendo de que en cualquier momento podría aparecer un nuevo coronavirus peligroso para los humanos. ‘Zoonosis’ es el nombre que recibe este tipo de enfermedades infecciosas, es decir una infección humana que tiene origen en un animal, mediada por un patógeno que puede ser una bacteria, un virus, un hongo, etc. Si se produce una zoonosis, la globalización hace potencialmente incontrolable ese brote, a no ser que se tomen medidas drásticas a una velocidad de vértigo. A escala global, es muy difícil. Hay muchos factores para que una zoonosis puntual tenga hoy consecuencias catastróficas a escala mundial.

Cada vez son más, su incidencia crece en todo el mundo porque el aumento de la población, la destrucción de la naturaleza, la extinción de especies y las consecuencias del cambio climático fomentan su aparición y propagación.

La lista de brotes epidémicos de nuevos virus no ha hecho más que aumentar, muchos de ellos potencialmente peligrosos para el ser humano: virus Machupo (Bolivia, de 1962 a 1964); MARV o virus de Marburgo (Alemania, 1967); virus del ébola (Zaire y Sudán, 1976); virus del VIH/sida (Estados Unidos, a partir de 1981); virus Sin Nombre/hantavirus (Estados Unidos, 1993); gripe aviar H5N1 (Hong Kong, 1997); Virus del MERS (Arabia Saudí, 2012). Ahora el SARS-CoV-2 (China, 2019).

Detrás de estas enfermedades, suele haber un elemento recurrente: los murciélagos y sus parientes los zorros voladores.  Todos estos patógenos, sin embargo, no causan ningún problema a los murciélagos. Los virus solo se vuelven peligrosos cuando cambian de organismo huésped. La mala noticia es que la probabilidad de que salten a otro huésped es cada vez mayor. Además los mosquitos, junto con los murciélagos y los roedores, son los principales propagadores de virus.

Los virólogos están demostrando que cuando la biodiversidad de un entorno se reduce, algunos tipos de virus no solo se adaptan rápidamente a las nuevas condiciones, sino que son aupados a una especie de posición dominante. Y si esos virus dominantes se encuentran cerca de una aldea o de un campo de cultivo, saltan al ser humano con facilidad.

El tráfico de animales salvajes ha alcanzado proporciones inéditas. Eso facilita que se formen nuevos cócteles de virus. El comercio ilegal de vida salvaje supone una grave amenaza para la salud. Muchas de las especies traficadas acaban en estos mercados ilegales donde son consumidas.

El hacinamiento de las especies en los mercados, la convivencia de animales vivos y muertos, la falta de mínimas condiciones higiénicas, el consumo y el contacto directo con restos de animales silvestres. Este es el escenario que se repite en cientos de mercados asiáticos de comercio ilegal de animales, y que expone a los humanos al contacto con virus de los que esos animales pueden ser portadores.

El consumo de carne procedente de animales salvajes es una práctica común desde hace muchos años en Asia y África.  Millones de animales se ofrecen en los mercados y se consumen sin ningún control sanitario. Siendo, como se viene demostrando con las últimas pandemias de origen animal, un grave riesgo para la aparición de futuras pandemias.

Pero,  ¿cómo evitar pandemias como la COVID-19? Los científicos llevan tiempo alertando del peligro que suponen mercados como el de la ciudad china de Wuhan, donde se sospecha que se pudo infectar con SARS-CoV-2 el paciente cero. Para los expertos son auténticos reservorios de virus, donde se dan las condiciones ideales para que los patógenos salten la frontera entre especies.

El cambio climático también puede influir en la propagación de los patógenos.

El año 2019 fue el segundo año más caluroso del que se tiene constancia, y que forma parte de la década más calurosa de la historia. Se hace imperativo invertir de inmediato en acción climática: La demora en la aplicación de medidas climáticas nos costará cada año mucho más en concepto de vidas y medios de subsistencia perdidos, negocios paralizados y economías dañadas. Para conseguirlo, el mundo cuenta actualmente con dos grandes aliados: la tecnología y la opinión pública, especialmente los jóvenes, pero todavía falta un elemento indispensable como es la suficiente voluntad política. Ya disponemos un marco de acción: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y el Acuerdo de París sobre el cambio climático.

La clave para combatir la crisis climática reside en los dos grandes emisores de gases contaminantes. Los países del G20 representan colectivamente más del 80% de las emisiones mundiales y más del 85% de la economía mundial. También deben comprometerse a la neutralidad del carbono en 2050. El Acuerdo de París fue posible en gran medida gracias al compromiso de los Estados Unidos y China. Sin la contribución de los grandes emisores, todos nuestros esfuerzos estarán condenados.

António Guterres, secretario general de las Naciones Unidas, ha propuesto seis medidas climáticas para moldear la recuperación.

1- Los billones destinados a la recuperación del Covid-19, deben servir para crear nuevos empleos y negocios mediante una transición limpia y ecológica.

  • Las inversiones deben acelerar la descarbonización de todos los aspectos de nuestra economía

2- El dinero de los contribuyentes utilizado para rescatar empresas, debe invertirse en la creación de empleos verdes y en un crecimiento sostenible e inclusivo.

  • No debe usarse para el rescate de industrias anticuadas, contaminantes e intensivas en carbono

3- Convertir las economías grises en verdes mediante la capacidad impositiva, logrando que las sociedades y las personas sean más resistentes gracias a una transición justa para todos y que no deje a nadie atrás.

4- De cara al futuro, los fondos públicos deben invertirse en el porvenir, destinándose a sectores y proyectos sostenibles que ayuden al medio ambiente y al clima.

  • Deben finalizar los subsidios a los combustibles fósiles, la emisión de carbono debe tener un precio y los contaminadores deben pagar por su contaminación

5- El sistema financiero mundial debe tener en cuenta los riesgos y oportunidades vinculados al clima.

  • Los inversores no pueden seguir ignorando el precio que paga nuestro planeta por un crecimiento insostenible

6- Para resolver ambas emergencias, la climática y la del coronavirus, debemos trabajar unidos como una comunidad internacional.

La crisis del coronavirus y su posterior recuperación crearán una oportunidad de encaminar el planeta hacia “un camino más sostenible e inclusivo, una senda que aborde el cambio climático, proteja el medio ambiente, invierta la pérdida de biodiversidad y garantice la salud y la seguridad a largo plazo de la humanidad”.

Se hace necesario, para evitar pandemias, preservar la biodiversidad. En los ecosistemas que gozan de una mayor diversidad, las especies, y con ellas sus virus, tienen más complicado alcanzar una posición dominante, con lo que también se reduce la probabilidad de que un patógeno consiga dar el salto a un nuevo organismo huésped.

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