Germinamos un mango

Fruta por excelencia en los países tropicales, el mango ya es un alimento autóctono en España. Existen cultivos en Andalucía, Canarias y Cataluña, aunque es un árbol originario de la India y la mayor parte de mangos que encontramos en nuestros mercados y supermercados provienen de África y de Latinoamérica.

Es una fruta saludable y medicinal, dotada de una elevada riqueza vitamínica y en él se reconocen una serie de valores diuréticos y laxantes. Sus hojas y flores en muchas regiones son utilizadas con fines medicinales.

El mango, en su punto de madurez, no solo es delicioso. Es una fruta rica en fibra y con una aportación calórica baja (65 kilocalorías por cada 100 gramos), aunque en su mayoría compuesta por hidratos de carbono. Contiene potasio y magnesio y es rico en vitaminas A y C. También tiene propiedades antioxidantes, mayores que las de la manzana, pero menores que los frutos rojos (los grandes antioxidantes) y betacarotenos los betacarotenos ayudan a tratar la enfermedad intestinal inflamatoria crónica o enfermedad de Crohn.

A pesar del dulzor característico de un buen mango, esta fruta ayuda a regular los niveles de azúcar en sangre, según recoge Nutrition Facts. Esto es así por la presencia de mangiferina, un fitonutriente que favorece la lenta absorción del azúcar en el intestino.

El mango no soporta bien las bajas temperaturas, por lo que es mejor conservarlo en la despensa, no en la nevera. Si no lo tomas fresco, también puedes optar por la mermelada de mango o el mango deshidratado.


Iniciar el germinado del mango es un poco complejo, pues la semilla está dentro del hueso, por lo que tenemos, en primer lugar, que extraerla. Para ello, debemos limpiar bien el hueso, y en el extremo más grueso observaremos que existe una pequeña endidura, en la unión de las cáscaras del hueso. Introducimos con mucho cuidado la punta de un cuchillo y hacemos una ligera palanca. Poco a poco vamos abriendo la cáscara del hueso, sin introducir en exceso el cuchillo para no dañar la semilla.

Cuando el hueco sea suficiente seguiremos abriendo el hueso con los dedos. Pues de este modo aseguramos la extracción sin roturas de la semilla.

Para germinar nuestra semilla la pondremos en un cuenco, con algodón, o como en este caso servilleta papel (rollo de cocina) que previamente habremos humedecido.

Pondremos la servilleta de forma que podamos cubrir la semilla por encima, haciendo una especie de paquetito, y procederemos a humedecer el resto del papel, para proteger la semilla de la luz directa y mantener la humedad. La servilleta debe estar siempre húmeda, pero no encharcada, por lo que eliminaremos el exceso de agua.

Colocaremos el cuenco en un lugar cálido, con luz natural, aunque no directa. La cocina suele ser un lugar propicio.

Pasados unos días nuestra semilla habrá comenzado a germinar. Para ayudar a que la raiz salga lo más vertical posible, se puede añadir una nueva servilleta para elevar un poco la semilla.

Es mejor esperar un par de semanas antes de proceder a su transplante a maceta.

Tras una semana de germinación, nuestra semilla ya tiene una raiz de unos 5/6 cm., por lo que vamos a proceder a su sembrado en maceta.

Para sembrar nuestra semilla germinada, necesitaremos una maceta que sea profunda. En nuestro caso, hemos reutilizado una garrafa de agua, a la cual le hemos hecho un par de agujeros por debajo.

Llenaremos de sustrato el recipiente, y con un lápiz o un bolígrafo, haremos un agujero en la tierra, no es necesario que tenga mucha anchura, con el grosor del lápiz es suficiente, pues en ese horificio meteremos la raiz, lo más vertical que podamos, y dejaremos la semilla semienterrada. Tras sembrar nuestra semilla regaremos, y colocaremos la maceta en una zona cálida y con luz. Podemos mantener la servilleta húmeda sobre la semilla hasta que el brote del tronco comience a tomar firmeza.

Tras algo más de un mes desde el transplante a maceta de la semilla, nuestro árbol de mango se encuentra así. Para pasar a tierra sería necesario esperar aún unos meses. También podemos ir cambiando de maceta según veamos que nuestro árbol de mango aumenta de tamaño.

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